lunes, 9 de agosto de 2010

Fabula de Don Pato...

Don Pato, da diez
vueltas a la manzana
por la mañana, alimenta a sus peces, tortugas y arañas.
Para él el día jamás
acaba, se ha hecho buena vida pues el pasado le
devastaba, quizá por su buena
suerte o quizá por su esperanza, pero Don Pato
mantiene un temple de envidiable
bonanza. Una vez hace algún tiempo decidió
sobre la nada, convertirse a la
nobleza sobre la leche derramada, e hizo un
juramente de no llorar más por nada,
aunque el mismo tormento a duros golpes
le obligara.

Don Pato salía de casa como costumbre de madrugada, condujo hasta su trabajo y se detuvo en una parada,
una mujer, hermosa como una aralia…(snif) suspiraba, y le miraba conojos de llanto, pupilas rojas mientras lloraba.
El hombre se detuvo y de inmediato intentó ayudarla, ella sonrió leve y a su auto subió encantada,
Don Pato, que le apreciaba no quiso interrogarla, pero la dama desesperada su hazaña contó aterrada
–He matado a mi hombre!!! –Dijo, algo conmocionada, perdida tenía la vista y de espanto su mirada
–ha sido por la mañana y no he podido hacer nada— ¿No entiendo a que se refiere?—preguntó él para que hablara
–Sucede que ha sido otra y a la vez yo misma quien le asfixiaba—Entonces frenó de súbito Don Pato mientras temblaba:
¿Ha dicho que fue otra y usted misma quien le mataba? ¿Acaso es un acertijo o alguna broma la que me gasta?
Perdone usted mi inclemencia pero me espantan esas palabras. Entonces la dama riendo monstruosamente y de oscuras carcajadas,
le encara clavada a sus ojos y con sangre en su mirada –He sido yo misma quien ahora le habla y la bestia que me acompaña,
que dimos muerte al pobre Arthur mientras la casa se incendiaba—en ese mismo instante la noche se hacía amarga, mientras los lobos y luciérnagas aullaban y cantaban.
Agobiado por el miedo y por la angustia que le asechaba, miraba a la dama negra y esa locura que desataba
—Señora ha enloquecido, percibo el mal en sus entrañas, es usted un energúmeno y no me permito acompañarla—
Entonces él golpeó a la mujer por arrebato hasta botarla, echó marcha a su automóvil y abandonó su morada,
su pueblo, su ciudad, su trabajo y a su amada.
Meses habían pasado y Don Pato todo olvidaba, como un conjuro de la desdicha o del destino una mala jugada,
entonces sobre su mesa cuando el periódico contemplaba, su desayuno escupía a chorros y su corazón se aceleraba,
vibraba todo su cuerpo y sus pupilas se evaporaban. ¡Gran incendio corrompe el pueblo! Leyó en la portada,
todos habían muerto salvo quien él ya imaginaba, alguien que bien sabía con su nombre se obsesionaba,
alguien con quien aquel día según el plan él se escapaba, alguien a quien temía y que no mucho atrás el amaba.
Entonces sobre el marco de su puerta se posaba, una silueta oscura que a la distancia le susurraba –
Ven aquí Patric querido, que tu mujer se encuentra en casa, ¿temes que el plan de huída se transforme en una amenaza?
Entonces se dio vida, al calvario que se auguraba, Don Pato con su alma rota hacía esa bestia se abalanzaba
y con un brusco movimiento le profería una punzada, que al tiempo le arrebataba su juicio y su amada,
mientras ésta entre risas, llanto y desesperada intentaba estrujar su cuello hasta que al Hades fue entregada.
Doce año desde entonces, a Don Pato atropellaban, con nuevos y gratos recuerdos que toda su mente ocupaban
y es que esos años de tristezas rápidamente pasaban y con ellos cada; recuerdo, pena y miedo arrasaban,
más no obstante aún algo a, Don Pato, preocupaba, si en aquel tiempo en que se reencontraban, ella, la mujer, aún era bestia o su amada.

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