Reptaba por una tubería oscura,
al encuentro de sí. ¿Quién tiene la voz? Hay ciertos gritos ciegos, de aquellos
que hielan y arden al miedo. Podría hoy preguntarme si hice bien, podría hoy
preguntarme si hice bien, si hice. Si te tomaba, una extremidad al
azar, ¡cualquiera!, no temas—es realmente cualquiera—no quiero que temas. Si
tomaba un extremo de tu vívido cuerpo, vívida masa (no del acto de sorber y
tragar), lo que hacía, era asir en mi propia extremidad una tuya.
Si
se pone a llover, lo hace en un mundo, lo-es-en-el-mundo. Lo que llueve más
profundo aún es mi ser, no el Yo (Je, Moi, I, Self,Me), es el ser. Mi
pecho salió corriendo, ¿Un par de metros quizás? Y se quiso perder en la
exhalación, ¡Ahhhhh! gritaba con locura abnegada, por la sordera de mi
consciencia—que sabemos, se nubla para no implicarse—poseedora/acreedora de la agudeza
de un sentido perdido en periodos consecuenciales de hechos, momentos momentáneos,
ideas idílicas, tautologías retóricas y pleonásticas. Podrías dejarme llover
también desde mis pequeños cristales, que no por el ardor tendrá que
evaporarse. Así como rebulle la pena inquieta en mi contenedor de sentires,
estériles e inmersos en la inopia. Así, así es como me siento luego de esas
palabras, luego de las acciones, mientras invito a la extinción incinerada, del ultimo objeto fantasmático
aquel, recubierto por láminas/papiros de arroz y para más, con cerrillos
robados de una mesa triste y humillada.
En
fin, no hice reproche y no pretendo tampoco en ningún estadio cuántico, someter a lastima, mi poco orgullo y resquicio de
ego que tuve alguna vez. Decidí (decisión existencial) mirar las heridas que he
provocado en mi camino por transparentarme, en el recorrido lacerante de
vivirme claro y nítido. Y una vez comprendido cada error, duele. Más que
cualquier huevada que me hubiese podido regalar el
universo/circunstancia/espacio/tiempo/vida/tierra/Gaia/Pacha/Cosmos/Xibalba/Dharma/Yggdrasil/Urantia/-¡What-Fucking-Ever!
Seguiré insistiendo, que duele más que la mismísima mierda, sobretodo no poder
poner fonemas, no poner un borde, contenedor, sostenedor, ejemplificador, a lo
que sucede entre mis carnes, entre vísceras agrias, humores febriles, lo que
sucede en mis sesos y fuera de ellos. No sé si quiero volver a surcar el firmamento
impelido por tus besos, ósculos aquellos que me vuelven ciego y que vacían
completo, devolviéndome lleno.
Termino
poniendo en tinta, en letras y palabras la huida. La revolución estomacal de la
alerta, la respuesta reptiliana (referido a la corteza), el ello le llamó un veterano opiómano.
Quiero salir corriendo, como si no hubiera mañana—dijo mi abuela—con ansias apocalípticas,
porque soy un cobarde de mierda. Porque no sé si quiero volverme una crisálida
y jamás revelarme con nadie. Porque no sé si quiero volverme de cristal y
pender de hilos delgados, entre eternas probabilidades de caer y romperme.
Porque no sé si quiero ser como un papel, tabula
rasa, en el que pongas garabatos, verdades, deseos y etcéteras y me
arrugue, me arrugues o me arruguen, me desechen y perezca en combustión.