domingo, 2 de mayo de 2010

El había recorrido las distancias más largas, intentando hallar lo que con el dificultoso devenir del tiempo aprendió forzosamente a callar. Vagamente dio cuentas y conjeturó haber avanzado algunos pasos en busca de algo, pero al igual que los ríos nos han limpiado en su peculio también su mente a desmenuzado toda traba que le impidiese dragar su alma y mucho mas. Sórdidamente su corazón albergó solo un sentimiento, solo una razón, que a los ojos del propio ímpetu de su marcha se hallaba viciado y vació, pese a todo, absorto en sus pensamientos….voló como un huracán de emociones desatadas en la oscuridad… un cigarro era una compañía implacable contra el frío, el sueño, el hambre, el dolor. Su cabeza tenía las canciones de su mp3 sonando una y otra vez, en los cimientos de su vida estaba escrito este destino, verse perdido y divagando entre arrabales grises, húmedos, mohosos y desolados. Si existen momentos felices, por Dios que aquel estaba muy lejos en las distancias galácticas de lograr ser uno de ellos, incluso desde el pensamiento lumínico de su reminiscencia, los destellos briosos para con su resignación resolvieron dar finitud a los sentimientos, de esta forma le dio muerte al hombre y muerte a su descendencia, pensado en que solo así podía sanar….ese lóbrego pozo que es la conciencia, llena de impurezas que no logran diluir las luces del amor, se han extendido en todo hombre, en toda bestia y han unificado su cuerpo, en tanto materia y en tanto fé. Siglos atrás contó un ebrio que las luces desde su interior emanaban algo mas allá de lo visible y no tan solo inteligible, el desentraño uno de lo mas grandes misterios que albergan las especies pequeñas…él se pregunto por la real felicidad.

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