El domingo nadie quiere ir de compras, tenemos el tiempo medido por tanto pensamos siempre en el después en vez del ahora, se explica porqué Roberto no quiere abandonar sus lecturas y la ocupada agenda dominical de Miguel no tiene vacíos para perderse entre precios y descuentos. Mamá camina sola por el mercado, busca siempre lo mejor para la semana, una comida nutritiva, rica y por sobre todo que le guste a sus tres hijos. Yo a diferencia de ellos salgo a jugar al patio, me pierdo a veces en la plaza con unos amigos o me entretengo mirando los payasos en el semáforo de la esquina. Mamá me pide que le acompañe si me hallo en la casa, a veces me encuentra en la esquina y me toma la mano, entonces se que la estoy a acompañando al mercado, otras veces simplemente no nos topamos en ningún lugar, ella va sola de compras y llega a casa tarde, cuando yo ya estoy preparando la cocina para que hagamos almuerzo.
Los otros dos son flojos, Roberto hace como que lee, pero yo no le creo nada, lo he pillado varias veces durmiendo con los libros en la mano y he encontrado unas notas rojas en el basurero de su pieza, siempre quiere hacer lesa a mi mamá. Miguel por otro lado se pierde en la plaza con las amigas, siempre anda con olores raros en las poleras y llega solo a comer, se come tres o cuatro platos a veces, se ríe sólo y se encierra en su pieza. Prefiero hacer como que no son mis hermanos a veces, voy al colegio y no les hablo, cuando los otros niños me pegan tampoco les digo, no quiero que piensen que soy débil, al fin que a nadie le importa unos cuantos golpes, mi papá peleaba así y mi mamá lo hecho de la casa, así que yo no quiero pelear como él, si me pegan me aguanto hasta que se aburran, total después siempre se van. Otra cosa que hacemos los domingos, es ir a dejar flores a la Fernandita, siempre pienso que si ella estuviera no tendríamos problemas, el Roberto le pegaba a todos los que la molestaban y Miguel siempre la llevaba de a caballo, en esos tiempos pasábamos buenos momentos, además mi papi no tomaba y mi mamá no lloraba tanto, siempre he creído que si la Fernandita estuviera, nosotros estaríamos viendo a los payasos en la esquina como siempre hacíamos y en vez de una gruta, habría una sillita para ella, porque la Fernandita se cansaba, igual como me canso yo de ver a así a mi familia.
Los otros dos son flojos, Roberto hace como que lee, pero yo no le creo nada, lo he pillado varias veces durmiendo con los libros en la mano y he encontrado unas notas rojas en el basurero de su pieza, siempre quiere hacer lesa a mi mamá. Miguel por otro lado se pierde en la plaza con las amigas, siempre anda con olores raros en las poleras y llega solo a comer, se come tres o cuatro platos a veces, se ríe sólo y se encierra en su pieza. Prefiero hacer como que no son mis hermanos a veces, voy al colegio y no les hablo, cuando los otros niños me pegan tampoco les digo, no quiero que piensen que soy débil, al fin que a nadie le importa unos cuantos golpes, mi papá peleaba así y mi mamá lo hecho de la casa, así que yo no quiero pelear como él, si me pegan me aguanto hasta que se aburran, total después siempre se van. Otra cosa que hacemos los domingos, es ir a dejar flores a la Fernandita, siempre pienso que si ella estuviera no tendríamos problemas, el Roberto le pegaba a todos los que la molestaban y Miguel siempre la llevaba de a caballo, en esos tiempos pasábamos buenos momentos, además mi papi no tomaba y mi mamá no lloraba tanto, siempre he creído que si la Fernandita estuviera, nosotros estaríamos viendo a los payasos en la esquina como siempre hacíamos y en vez de una gruta, habría una sillita para ella, porque la Fernandita se cansaba, igual como me canso yo de ver a así a mi familia.
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